VELOCIDAD EN LA BATERÍA: CONSEJOS, REFLEXIONES Y SUGERENCIAS. 3º PARTE

QUEMANDO ETAPAS: EL ETERNO PROBLEMA

La quema de etapas es un punto estrechamente ligado con los apartados que comentábamos anteriormente, ya que deriva directamente de la forma en que percibimos la velocidad.

Todo proceso de aprendizaje requiere de una puesta en marcha de diversos mecanismos cognitivos, que nos permitan interiorizar la información que estamos recibiendo y así transformarla en conocimientos útiles. En cualquier instrumento musical, el grueso del aprendizaje viene otorgado por la repetición, cosa que nos ayudará a desarrollar y fomentar la memoria muscular.

Seguro que habéis oído en más de una ocasión aquella frase que reza “la práctica lleva a la perfección”, expresión con la que no podría estar más de acuerdo. Dominar un instrumento musical es, en esencia, repetición. Cuanto más repitamos una cosa, más la interiorizaremos y mejor la ejecutaremos, tocándola de modo natural y sin pararnos a pensar en cada detalle de lo que estamos haciendo. No debemos olvidar que la memoria muscular comienza a fijarse en un punto entre las 5000 y las 7000 repeticiones, aproximadamente.

Fundamentalmente, tenemos que adoptar un punto de vista que nos permita tratar la adquisición de velocidad como un proceso escalonado y gradual. No crearemos una memoria muscular apreciable en unos días, ni siquiera en unas semanas; es una evolución que tomará bastante tiempo, siempre que seamos constantes y lo suficientemente pacientes. Aquí hay que dejar claro que lo más importante, al margen de repetir mucho, es hacerlo de la forma correcta. Practicar reiteradamente el mismo movimiento de un modo inapropiado es increíblemente contraproducente, no solo no mejoraremos, sino que además estaremos perfeccionando e interiorizando un error… y os aseguro que eliminar un mal hábito cuando ya lo hemos adquirido es una de las cosas más difíciles y tediosas a las que podemos enfrentarnos. Y, evidentemente, también podemos lesionarnos.

Uno de los errores más típicos al intentar tocar estilos veloces es querer saltarnos todo el proceso que hemos descrito anteriormente. Queremos tocar rápido, y queremos hacerlo ya. Y como no estamos dispuestos a tardar lo que nos parece una eternidad en desarrollar la memoria muscular que nos hace falta, lo que hacemos es tratar de quemar etapas para llegar cuanto antes a los tempos en los que nos gustaría movernos.

Tomando como referencia uno de los puntos del artículo anterior, el de la percepción de la velocidad, vamos a explicar el porqué ocurre esto. Como lo que, a priori, parece que nos da la sensación de velocidad es la caja, la principal tendencia es focalizar toda nuestra atención en ella, dejando al margen el resto de elementos del set. Creemos erróneamente que mientras la caja suene rápida todo lo demás es secundario.

Así que si nuestra intención es tocar blast beats, el primer impulso que tendremos es el de bajar nuestra “mano buena” o dominante a la caja, mientras el resto de extremidades tocan justo a la mitad del tempo. Es lo que se conoce popularmente como “economy blast beat”, y está siendo cada vez más utilizado como punto de partida y pilar básico por toda una generación de bateristas. La ventaja que tiene es que podemos otorgar una especie de sensación de velocidad al patrón que tocamos, ya que solo nos hace falta tener una mano rápida. Sin embargo, los inconvenientes que acarrea pesan muchísimo más sobre nuestra interpretación en la batería.

El primer inconveniente al que nos enfrentamos ejecutando este tipo de blast beat es el de la limitación, ya que no existen muchas posibilidades de variar un patrón que solo implica una mano rápida sin que la sensación de velocidad que queremos imprimir se venga abajo. También estaremos omitiendo gran parte de las notas realizadas con la mano izquierda, con lo que nuestra música quedará demasiado vacía y poco intensa.

Otra de las desventajas que tenemos que encarar tocando así es la descompensación entre nuestras extremidades. Nuestra mano dominante conseguirá cada vez más destreza, en detrimento del resto de nuestro cuerpo, así que cada vez será más evidente la diferencia. Por este mismo motivo, también tendremos un problema muy serio a la hora de hacer breaks, la desigualdad entre nuestras manos hará que suenen inseguros, faltos de intención, fuera de tempo y con una ejecución muy mediocre; justo lo que un batería de música extrema ha de evitar.

No nos engañemos, nuestra pericia en la batería viene demarcada por nuestra extremidad más débil, así que hemos de trabajar manos y pies por igual en el mismo contexto.

 

EL METRÓNOMO: UNA HERRAMIENTA PARA TODOS LOS MÚSICOS

He perdido la cuenta de la cantidad de veces que he escuchado a otros músicos decir que el metrónomo es para el batería. Siempre que me han preguntado “¿Tocas con metrónomo?” mi respuesta ha sido “Sí. ¿Y tú?” y es curioso ver como los demás se extrañan. Considerar que el metrónomo es una herramienta en exclusiva para el batería es una de las líneas de pensamiento más comunes, a la par que erróneas, de los grupos de música extrema hoy por hoy.

Un metrónomo es un aparato diseñado con la función específica de marcar el tempo o velocidad de una composición musical. Emite de una forma regular una señal acústica o visual, permitiendo seguir al músico el pulso del compás de la manera más exacta posible. En pocas palabras, se trata de una herramienta de medición.

La música se forma, fundamentalmente, con tres aspectos: melodía, armonía y ritmo, dentro de una combinación coherente de sonidos y silencios. En cualquier conservatorio, escuela, o academia de música es muy habitual el hecho de ver a todos los músicos estudiando y practicando con un metrónomo, independientemente del instrumento que toquen. ¿Por qué? Simple y llanamente, porque los tres aspectos comentados anteriormente van totalmente conectados. La melodía y la armonía no funcionaran si no llevan una coherencia rítmica implícita.

Basándonos en esto, es de lógica afirmar que todos los músicos tienen que tener un sentido del pulso y del tempo lo más desarrollado, estable, y constante posible, porque si no, la música no caminará. Más aún en cualquier estilo de metal extremo, donde la precisión es de suma importancia para crear música inteligible.

El fallo subyace en pensar que como el baterista es el encargado de la parte rítmica, los demás músicos no tienen por qué complicarse con un aparato tan molesto como es un metrónomo para trabajar en sus partes individualmente. El problema viene cuando el resto de componentes de nuestra banda no se paran a considerar el hecho de que por mucho que nosotros estudiemos y ensayemos con una claqueta, su sentido del ritmo no se desarrollará por arte de magia. Si nosotros vamos a un tempo estable, pero el guitarrista se acelera, el bajista se atrasa y el cantante entra donde no es… tenemos un problema serio. Y entonces la banda nunca sonará cohesionada y compacta, es prácticamente imposible.

En varias ocasiones me he encontrado con el caso de músicos que me han comentado que ellos siguen al batería si éste lleva una claqueta, pero que no son capaces de seguir un metrónomo. Siento si mi franqueza resulta molesta, pero esa es una de las muchas mentiras que nos contamos para no trabajar. Al fin y al cabo, un metrónomo no deja de ser una versión muy simplificada de lo que hace un batería. ¿Puedes seguir una infinidad de dobles bombos, breaks, cambios, detalles… y no un simple pitido constante? Algo falla.

Estudiar y practicar con metrónomo nos ayudará a que nuestras composiciones suenen más limpias, se entiendan mejor y no haya esas incómodas fluctuaciones de tempo, pero es algo que depende de todos los miembros de nuestra banda, no solo de nosotros.

El metrónomo siempre nos devolverá una imagen real y precisa del punto en que nos encontramos musicalmente. Supongamos que queremos acompañar un tema que se mueve a 200 BPM y no somos capaces de ejecutar los ritmos de la canción a 150 BPM. Creedme, no es necesario que intentemos tocar sobre el tempo original, porque lo único que conseguiremos será frustrarnos mucho. Trabajar con un metrónomo nos mostrará a las claras cuáles son nuestras fortalezas y nuestras debilidades, por tanto es mucho más beneficioso para nuestra música tenerlo de aliado que de enemigo.

Nos vemos en la siguiente parte del artículo, donde hablaremos de la tensión, la respiración y la intensidad. ¡Hasta pronto!